jueves 29 de septiembre de 2011

Los hombre lobo de Montpellier (Jason)



Jason sigue dibujando (y escribiendo) breves historias terribles, con ese punto intrascendente que parece disimular algo más perverso y con la impronta naif que, desde hace años, lo distancia (afortunadamente) de algunos modelos (en este caso literarios) como Raymond Carver, ejemplos se utilizan en las solapas o contraportadas de sus cómics con el fin de vender más ejemplares (No diré que eso esté mal, ni que esté bien).

No obstante, si nos ponemos a comparar, yo metería al noruego Jason (pseudónimo de John Arne Saeteroy) en un saco más cercano a su compatriota y escritor Kjell Askildsen. Pero para eso deberíamos pensar en un par de cosas como las coincidencias y diferencias entre ambos.

Coincidencias:En ese aspecto cotidiano común en las historias de los dos siempre termina latiendo algo oscuro (seguro que más en el escritor, autor de “Los perros de Tesalónica”).

Diferencias: La dureza de Askildsen que se lima en Jason con ese carácter naif al que se ha aludido antes.

Lo naif en Jason (sí, repitámonos) se traduce también en lo visual:

- La falta de profundidad en las imágenes (Una perspectiva un tanto plana que, más que lastrar, ayuda al discurso visual y a la historia y que, a veces, puede recordar a clásicos del cómic como Hergé).

- La elección por personajes que son animales antropomórficos y que facilitan el distanciamiento del lector (Esto ayuda a leer/ver a Jason como un autor no realista y más próximo a hacer juegos/trucos con metáforas y parábolas).

Lo naif (me vuelvo a repetir) está también en su sentido del humor: “Yo maté a Adolf Hitler” es un claro ejemplo de eso. Y si nos ponemos, en cualquiera de sus obras anteriores.

Todas estas características (o la mayoría) vuelven a aparecer en “Los hombres lobo de Montpellier”, su última obra editada en España por Astiberri el pasado mes de junio (¿o fue en julio).

Pero, como ya he indicado, pese a lo naif, siempre hay algo turbio y oscuro que condiciona las atmósferas que crea Jason (aunque no por ello deja de perder en frescura y risas al lector).

Y eso es lo que sucede en “Los hombres lobo de Montpellier”.

Lo turbio y lo oscuro están, por ejemplo, en:

- El desamor, las rupturas en las relaciones, la soledad de los personajes.

- La conspiración, apenas esbozada, de los hombres lobo, la muerte de uno de ellos y la conversión (infección) del protagonista que termina siendo uno de ellos, pero sin problemas, viendo la tele en las noches de luna llena junto a una amiga.

Cerca de todo esto, está también el silencio, componente esencial en Jason.

Está bien leer ahora mismo “Los Hombres Lobo de Montpellier” pero tampoco está mal echarle un vistazo a una de sus últimas entregas en España “Low Moon” o “¿Por qué haces esto?” que, esta última, podría recordar algunas de las obras de Georges Simenon pero con animalitos con forma de persona.

Probablemente, alguien podrá pensar que, con la que está cayendo ahora, es frívolo hablar de animales antropomórficos. Allá cada cual.

(Imagen de Anthony Burrill)


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