La distancia ayuda a hablar con rapidez y ligereza (Tal vez pueda hacerlo yo aquí). El desconocimiento sobre esa masa amorfa y confusa que es la realidad hace que se seleccione un discurso que se ajuste al repertorio de creencias (ideología, credo) que uno tiene. Hace que un periodista o un mercenario de la opinión pública emita su sentencia mediática sin analizar los datos u ordenándolos en la forma que sea necesaria para sus intereses (o los intereses del ventrílocuo que le hace hablar de forma inconsciente). Hace también que las afirmaciones de cualquiera que se pone delante de un micrófono (corporativo) sean semejantes a las de un político que pasa sus días de vacaciones en un resort en la Toscana mientras las calles de la capital del Estado que gobierna arden.
Estar alejado o no conocer de cerca determinados hechos que suceden a tu alrededor (en el mundo, en tu país, en tu barrio) provoca que las opiniones que uno pueda tener sobre ese asunto sean equivocadas o fallen el tiro. O, tal vez, den en el clavo (Ya se verá).
De acuerdo.
Nos pasa a todos.
Uno puede escribir sobre la situación actual de Siria o reflexionar sobre las apreciaciones metafísicas de Gadaffi en torno al desierto como espacio místico de encuentro con dios en su “Libro Verde” o especular en público acerca de la situación en los barrios londinenses de Brixton, Lewisham y Croydon porque, alguna vez, uno se ha tomado unas pintas de cerveza en algún garito del lugar o porque allí conoció a alguien equivocado o se lió con una tía que no estaba tan bien como parecía al principio y, después de todo (después de pensar en todo eso), ponerse a hablar en voz alta (que se le oiga bien) mientras se toma un aperitivo alejado del ruido y la rabia para sentar cátedra al respecto. También puede poner por escrito -desde la hasta ahora apacible armonía de su casa (temiendo que en cualquier momento pueda pasar algo cerca)- lo que se le ha ocurrido que está sucediendo en esos lugares, sin dejar de recordar canciones como “Panic” de The Smiths o dos temas de The Clash: “Guns of Brixton” y “London´s Burning” (Y se monta toda su película conceptual intentando ver en esas canciones algún tipo de conexión espacio-temporal entre el pasado y el presente o, más aún, el futuro, pensando en que, poco a poco, la realidad empieza a parecerse al guión de una película de ciencia ficción que, siempre y hasta ahora, le habían parecido -las películas de ciencia ficción- metáforas del presente y no el presente en sí).
Sí, periódicos, teles y columnistas hablan de saqueos y de destrucción, cosas que no deben tolerarse. Se habla del miedo del ciudadano medio, del pánico, de los incendios, de revueltas. Obvio, comprensible. Pero: ¿Por qué solamente se subraya en los medios este tipo de actos y no se destaca, en cambio, con las mismas intenciones, el saqueo sistemático al que se ve sometida la población y que se está haciendo –a nivel global- con la eliminación, por ejemplo, de derechos sociales adquiridos hace décadas con el beneplácito de gobiernos, comisiones europeas et caetera? ¿Por qué no se dice que hay comunidades que no tienen forma de hacerse visibles y que cuando salen en marchas pacíficas los medios no les prestan atención porque no son relevantes? ¿Por qué no se habla de la frustración que muchas personas sienten? (La frustración no es cool y no sirve como argumento de sitcom.)
Evidentemente, y retomando lo anterior, uno debe informarse para hablar. Para escribir también, claro. Así que tienes que ponerte a buscar información, como siempre buscando la maldita o bendita información. Esa mierda que te dicen que es LA INFORMACIÓN y que en la serie “El Prisionero” era el santo y seña de aquellos que lo controlaban todo en la isla donde se desarrollaba la trama (¿No vivimos en la actualidad una situación de desprotección parecida a la que tenía lugar en la historia que protagonizaba Patrick McGoohan?¿Otra metáfora?).
Así que entras o consultas los medios habituales para poder leer entre líneas (la única forma de leer en los medios convencionales) o chequeas qué es lo que dice la gente en Twitter (que no sé si es una herramienta de control de pensamiento y de la palabra), o en algún blog (que no sé si es una estrategia bigbrotherizante de la realidad), por poner un par de ejemplos, para ver si de ahí se puede extraer algo y comprender en realidad qué está sucediendo o, más importante aún, reconocer que los medios convencionales de comunicación están nuevamente seleccionando la información que se nos presenta (como si fuéramos niños, como si fuéramos personas con taras mentales o psicológicas, como si tuvieran que ocultarnos algo que no debemos conocer o ni siquiera pasársenos por la cabeza).
Continúa, por tanto, la disposición de contenidos e imágenes que se considera nuevamente (otra vez más bien) que es oportuno que leamos y veamos. Debemos metabolizar toda esa información y hacerla nuestra, decir amén, así sea, hágase en mí tu voluntad. Mientras tanto, si queremos evitar eso, debemos seguir leyendo entrelíneas y desconfiar, utilizando esta desconfianza de forma positiva y como estrategia de conocimiento, para poner en duda y determinar lo que se nos quiere vender como una nueva ficción mediática de estreno que establece el mismo discurso oficial de siempre ante la realidad, esa telaraña virtual del monopensamiento que dice esto es lo que pasa, así se lo hemos contado.


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada