jueves 17 de septiembre de 2009

caja vacía (y muda o con fiebre)


tengo cajas vacías

te ofrezco mis cajas vacías

en perfecta ecuación de cubo

 

tengo historias dentro de estas cajas

cajas hechas de cartón mudo

(tienes que darle la vuelta al fondo de las cajas vacías,

tantear palabras afónicas en ese fondo reversible)

 

siento hambre

y un estómago y una boca que vigilan

(es un zopilote en las alturas, allá, más allá

- o a rastras)

 

tengo cara oculta

(no la veo)

tengo cara B

en perfecta incógnita de ruido:

 

(soy un bicho pequeño e inútil

y busco bichos en esta caja

aquí

en estas palabras que están dentro,

en un baile de pasos artrópodos)

 

tengo fiebre

dentro de esta caja

domingo 13 de septiembre de 2009

POEMA KARAOKE RECITADO BAJO FOCOS BARATOS

poema karaoke recitado bajo focos baratos (o vendrá la muerte y tendrá tus ojos revisited)

To discover yourself: buy makeup, but reader

to fulfill yourself, say these words:

"My name is Frank Sinatra”.

(Richard Hell)

 

confieso: nada tiene sentido

esta confesión se disuelve en tu percepción

(mi aliento en el aire,

en cualquier agujero:

algo a lo que llamemos boca,

abismo)

 

confieso: todos mis amigos tienen su propio camino

confieso: busco palabras,

palabras que nombren a esas personas

bajo focos baratos

 

confieso: no encuentro palabras

confieso que busco pensamientos,

zombie nocturno

(o de noche y de día, con gafas de sol:

arrítmico,

afásico)

 

confieso: no existe el pensamiento original

no es posible

no existe tu boca original

no existe el pecado.

 

Original:

todos los pecados llevan a otro,

lo hacen de la mano,

bebés de guardería.

 

confieso: cuando recuerdo mi niñez

pienso en fotos a color

 

confieso: he vivido en una ciudad

donde está bien emborracharse

(fotos a color describen trayectorias en S)

 

 

(lo) confieso:

he vivido en una ciudad

donde no pasa nada al despertar

 

todo despertar es como el pensamiento,

soy un zombie

(lo confieso)

poesia per il tempo perduto (numero sei / periferico trene)


Tren de la periferia –

probablemente en la cola

y sexo húmedo, pies mojados.

 

Mato el verbo.

Solamente.


Yo

 

 

miércoles 9 de septiembre de 2009

EL HOMBRE VULGAR ANTE LA FICCIÓN Y LA PORNOGRAFÍA NUCLEAR (Sobre el libro: "Porno Forever" de Yasujiro Kawamura)



El hombre vulgar ante la ficción y la pornografía nuclear

Sobre el libro: “Porno forever (Apología de la seguridad y la fantasía en los tiempos de la metaficción nuclear)”

“Al fin y al cabo, ellos tenían razón: yo era un monstruo”. Ésta es la cita, tomada de “La sonrisa del vampiro” de Suehiro Maruo, de la que parte Yasujiro Kawamura para construir una teoría del mundo contemporáneo en la que el individuo se convierte en un ser mutante producto de la radiación nuclear (igual que le sucede a uno de los protagonistas del cómic de Maruo que se convierte en vampiro después de la aparición del hongo nuclear en el firmamento del País del Sol Naciente). Aunque el uso de la metáfora de Hiroshima como factor para la mutación en la psique (y el comportamiento) del ser humano pueda ser considerada como desfasada (hace ya más de cinco décadas desde la primera explosión nuclear con fines bélicos), Kawamura sigue considerando que la energía atómica (y sus usos bélicos y los accidentes tipo Chernobil) han podido operar una transformación en la psique colectiva de nuestro planeta hasta unos niveles que aún no conocemos (y que no han sido estudiados). Sin duda, cualquier japonés puede hablar de esto mejor que ninguno de nosotros.

De acuerdo con Kawamura, la transformación del registro Akáshico, las mutaciones en la memoria global o en los arquetipos de Carl Gustav Jung es algo incuestionable en nuestra vida cotidiana desde la irrupción de la megalomanía atómica en nuestra civilización (Según el autor, estos cambios operan a un nivel inconsciente dentro de la era post-lacaniana). Es por esa misma razón que considera que hay una serie de manifestaciones dentro de la ficción contemporánea en las que, sin lugar a dudas, se puede ver el resultado de una estética mutante producto de los cambios operados por la cultura nuclear (una cultura que, según el autor, pasa desapercibida tal y como sucede con los grandes cambios silenciosos que jalonan la historia de la humanidad). Ejemplos de estos cambios hay algunos en el terreno de la ficción contemporánea. Son los casos de obras como “Akira” de Katsuhiro Otomo o las diferentes obras narrativas de Yasutaka Tsui-Tsui que, en los últimos años, se han visto traducidas en imágenes en mangas de animación tan relevantes como “Paprika” por poner un ejemplo. Para Kawamura “Paprika” resume en poco más de ochenta minutos las posibilidades de la psicosis a las que el ser humano se puede enfrentar después de haber sufrido dos (o tres) microhecatombes nucleares. Y Kawamura añade (contradiciendo a Adorno cuando decía que “escribir un poema después de Auschwitz es un acto de barbarie”) que rodar una película en Super-8 o cámara digital “es la única salida posible para el ser humano en un tiempo en que la paranoia y la muerte son los únicos horizontes posibles dentro de una sociedad que tiembla alucinada cuando un pollo o un cerdo tiene una temperatura superior a 39º” (y eso queramos o no indica que tiene fiebre, que tiene gripe y que puede contagiarnos si comemos más morcillas de lo aconsejable…).

Analizando la psicosis contemporánea y la manía persecutoria (en la que toma a Kim Il Jong II, monarca-presidente de Corea del Norte, como paradigma), reflexiona sobre la fértil producción de una tendencia literaria nipona que ha venido en clasificar como realismo paranoico y que en Japón tiene en la actriz porno y escritora Rina Sawaguchi una de sus mejores manifestaciones. Si hacemos caso a Kawamura, Sawaguchi es el ejemplo claro (y latente) de esa corriente en la que (copiamos sus palabras) “la realidad es solamente un punto de partida, un punto de partida en que el paisaje externo desaparece y las palabras profundizan en el cuerpo mental, en la realidad mental más enfermiza. Ése es el eje sobre el que se vertebra el realismo paranoico (o paranoicorrealismo): realismo paralelo, realismo para no hacer realismo, sólo análisis de los procesos mentales, de la paranoia, perforación de la psique a partir de la palabra, investigación de la parapsicología de los personajes”, donde añade: “el pensamiento es selva y la palabra es una katana perdida, tonta y absurda, que intenta abrir un camino entre la espesura de la selva”. Es una pena que los autores de los que habla Kawamura no estén aún traducidos a nuestro idioma. Ejemplos de ello son Kanako Suzuki (hija del cineasta Seijun Suzuki), Taraiko Taira (sí, el piloto de motos que en los primeros 90 disputaba el campeonato mundial de 250 c.c. a Carlos Cardús) o Shizuo Kusanagi, autores que dentro del campo de la ciencia ficción y la metanarrativa kitsch deambulan por un campo que no desdeña en sus páginas el pornochic o el metarrelato de zombis de serie Z.

Lo que es indudable es que Kawamura es un autor que, pese a lo que puede parecer, tiene los pies en la tierra y analiza las pulsiones y las confusiones del individuo contemporáneo. Es por eso que Kawamura apuesta por la antropología de las relaciones de carácter digital. Por eso bucea en el estudio de la interacción dentro de myspace, facebook o gaydar.com (su postura es, sin duda, la de una sexualidad mutante y poliédrica o transgénero). No obstante, Kawamura también se hace eco de la estética y la praxis del suicida social y hace incluso un panegírico del buceador de los cuartos oscuros y para eso hace antropología de estos espacios (que parece conocer a la perfección) en el barrio de Shinjuku, en su Tokio natal, una ciudad la de Tokio que estudia y analiza como el laboratorio de pruebas para una ciudad del futuro en la que el horizonte del individuo se construye a partir de una individualidad forjada a través del homoshopper y el homofucker como características de un hombre (y mujer) que se zambulle en el terreno de la superficialidad y de la indagación inconsciente, algo que Lipovetski acuñó acertadamente como la era del vacío.

La conclusión  de Yasujiro Kawamura respecto al hombre de nuestro tiempo (donde no incluye – y creo que acertadamente – al estereotipo que clasifica como homo islamicus) es que el ser social contemporáneo es un monstruo cercano al concepto de zombie que nace en los 50s en las pelis de serie B, un zombie que forma su educación sentimental a salto de mata entre Falcon Crest (serie de éxito en Japón) y las películas de ovnis (como si el marciano fuera un nuevo Mesías) y que tiene como válvula de escape, ante la paranoia y la apología de la seguridad, el porno en dos de sus facetas más estimulantes y democráticas: la telerrealidad y el consumo de estupefacientes. Total: convertirse en un monstruo no es tan malo, como decía Suehiro Maruo. Decida usted, mon Liebe Lektor.

poesia per il tempo perduto (numero cinque / italiana o slava poesia)


componga usted títulos para poemas

hágalo en italiano

o en lengua eslava

 

después:

mírese al espejo

y haga una foto –

sea eterno

o abra un poco la boca

 

recite su sutra 

sienta el estado

de flotabilidad,

sienta como el poema

se deshace

en la boca que se 

abre

poesia per il tempo perduto (numero quatro / il deserto della maschera)


me pongo la máscara

limpio mi máscara

 

quiero una máscara bella

la más bella

 

ese desierto de explosiones

 

floto aquí:

dentro de la máscara

 

martes 8 de septiembre de 2009

TERCER MANIFIESTO PERIFÉRICO (esto no es un poema)



TERCER MANIFIESTO PERIFÉRICO (esto no es un poema)

Usted no tiene que hacer caso a estas palabras.

Observe los satélites artificiales que pasan sobre su cabeza,

salga al balcón, desnúdese.

Observe las líneas imaginarias que dibujan los satélites en la [oscuridad nocturna.

Observe.

 

Usted puede conectarse a internet y masturbarse si lo desea,

hacer clic. Pensar en el futuro, refrescar el tedio.

Observe pechos artificiales, nenúfares que crecen en la humedad [de una entrepierna.

 

Usted es libre de malinterpretar estas palabras.

Observe alrededor y formule una hipótesis, haga croquis, fotografíe [la realidad, 

dibújele bigotes, subraye.

Usted debe tener en cuenta que esto no

es una advertencia.

Tampoco

un poema.

Otra cosa.

 

La intención de este texto no es dotarlo de ningún aliento poético: El cielo se descompone y usted no tiene la culpa de ello. Cae sobre su cabeza o se reblandece y tiene ese aspecto gelatinoso que produce angustia, vértigo.

 

Usted debe reconocer que esto no es ni siquiera un manual de [instrucciones

sobre cómo leer un texto

o acercarse a la realidad,

distanciarse de ella.

 

Un manual de instrucciones se olvida con facilidad.

Usted es un niño

y la amnesia es una bendición.

Póngase de rodillas y olvide.

Usted es devoto de cualquier absolución.

Póngase.

Sí.

De rodillas.

Usted busca bendiciones,

besos que no se atreve a solicitar.

 

Usted sabe que está aquí.

En este texto.

Dentro.

Sí, ahora.

 

Compare su peso con la densidad de estas palabras y,

otra vez,

ensaye una hipótesis.

Haga un boceto.

 

Usted es totalmente libre.

Sea consciente de ello

o póngase de rodillas.

 

Usted debe tener en cuenta que esto es un juego.

Sí.

Tal vez usted se haya olvidado de jugar.

Eso es algo que, en realidad,

no importa

en el desarrollo de este texto.

 

Si es así,

si usted no recuerda cómo se hace para jugar,

puede abandonar inmediatamente la lectura

de este texto.

Hágalo ahora, no se reprima.

Nadie mira.

No hay ningún tipo de compromiso.

Aquí no.

 

Usted debe tener en cuenta que cualquier artefacto literario

es un juego

(Se lo repito porque la repetición es hermana de la memoria. Escuche. O lea).

 

Usted debe saber que la emisión de mensajes

que desde aquí se propone

es un juego que pretende saturar el canal.

Colmarlo, rebosarlo, inundarlo.

Saturar el canal es sinónimo de sobredosis.

Todo lector, todo autor busca esa sensación.

 

Como ya se ha indicado antes, esto no es un poema

ni nada parecido.

 

Ahora preste atención: Un escritor que deletrea textos es un ingenuo. Imagina en sus palabras una fractura. De esto se deduce que todo escritor es un ser infantil. En consecuencia, toda afirmación artística se caracteriza por la ingenuidad. Por lo general, cualquier afirmación literaria tiene la intención de ser universalista. El universalismo es ingenuo.


Disimule o maquíllese. Usted busca leyes universales.

Usted, en realidad, es un conejo.

O un cerdo.

O un orangután

(Un conejo, un cerdo o un orangután son siempre seres ingenuos).

Como tal, debe comprender estas palabras desde esa ingenuidad.

 

Si no es así (se lo vuelvo a decir),

abandone la lectura de estas palabras.

 

Estas palabras no tienen haz y envés.

No son dobles.

Si acaso múltiples (Aunque parezca que son lo que son y pretendan decir lo que dicen).

Usted debe conocer que toda palabra es ambigua. Igual que cualquier proceso de decodificación y/o recepción. La ambigüedad es el estado natural de cualquier manifestación vital, de cualquier tipo de expresión, palabra, acto o voluntad.


Ahora, volvamos atrás.

Toda afirmación es ingenua.

Todo escritor.

(Esto no es un poema.)

 

Pretender hablar de la realidad o inventarla es, sencillamente, un [juego.

Esto.

Y un delirio.

Artefacto de la ingenuidad.

 

Las palabras describen trayectorias orbitales en torno a la realidad o la producción de realidad. ¿Observa usted esas líneas imaginarias que se dibujan en el cielo?

Obsérvelas.


 

La literatura es eso: Producción de realidad

(a partir de ésta).

Los satélites, 

por su parte,

 son palabras.


Usted debe saber que un autor es un satélite que toma fotografías y que, tal vez (probablemente, seguro), las photoshopea (es decir: las manipula).

 

Usted debe saber que el lector es,

también,

un individuo ingenuo que gravita alrededor del texto.

 

Usted gravita alrededor de este texto

(Si aún lo hace, se debe a que se dedica a jugar como un niño en la calle o como un adulto en la mesa de juego o de ping-pong).

Si algo de lo que aquí lee, no le concierne o no le gusta y le provoca sudor,

séquese

      a continuación –

las axilas 

con una servilleta de papel

y estudie las manchas húmedas serigrafiadas

en su superficie.

Saque conclusiones del oráculo.

 

Ahora usted puede guardar silencio.

Decir nada.

Porque tanto usted como yo

(usted debe saberlo ya)

somos mudos

aunque movamos la boca.

 

Sigamos,

por tanto,

moviendo la boca:

Esa fantasía de comunicación que nos proporciona placer en la [entrepierna.

 

¿Siente usted esa vibración?

 

Ahora, recapitulemos:

¿Comprende usted este Tercer Manifiesto Periférico?

Si su respuesta es negativa,

le concederé un tiempo de reflexión.

Si su respuesta es afirmativa,

no confiaré en usted.

 

Ahora volvamos al principio:

Usted no tiene que hacer caso a estas palabras.

Observe los satélites artificiales que pasan sobre su cabeza,

salga al balcón,

juegue en el borde.

(Imágenes de Blu: http://www.blublu.org/)

martes 1 de septiembre de 2009

Pin pan punk (encima, debajo y alrededor de "Por favor, mátame")




Pin pan punk (encima, debajo y alrededor de "Por favor, mátame")

 ["Por Favor, Mátame: La Historia Oral del Punk" (Leggs McNeill y Gillian McCain)]

Tal vez la mejor forma de contar algo que ha sucedido en el pasado (y en el que se han visto envueltas un buen número de personas) sea a través del caleidoscopio, es decir, a través de una visión múltiple que permita destruir cualquier discurso monodireccional. El caleidoscopio nos puede servir entonces para romper con cierta objetividad, para descomponer un discurso que sea de un solo sentido y así mostrarnos la realidad con sus diversos prismas, incluyendo todas sus contradicciones, las diferentes perspectivas que pueda haber sobre un mismo hecho, sobre un fenómeno, un movimiento. En este caso concreto, en estas líneas, hablamos del punk, que es de lo que trata “Por favor, mátame”, una historia coral (y oral) del punk realizada por el periodista musical Legs McNeill y la escritora Gillian McCain que se editó por primera vez en 1996 y que a finales del año pasado fue reeditada por Discos Crudos en España.

“Por favor, mátame” es, como digo, un libro que no intenta imponer ninguna verdad, un punto de vista homogeneizador. ¿Por qué? Sencillamente porque las perspectivas se multiplican a ojos vista según avanzamos en la lectura de sus páginas. Construido a partir de una serie de entrevistas que realizaron los autores a un sinfín de personajes que estuvieron relacionados con el movimiento punk, la unidad de la obra solamente tendría como eje el hecho de hacer referencia a tal movimiento musical y cultural partiendo del protopunk de finales de los sesenta y primeros setenta y que en estas páginas toma como punto de partida a The Velvet Underground y la Factory de Andy Warhol.

Dentro del circo humano (y artístico) que fue la Factory en Nueva York, el grupo liderado por Lou Reed y John Cale supone una fractura con el contexto hippie-amororoso-flowerpower de finales de los sesenta. Eso mismo hace que se conviertan en unos malditos más cercanos a Lautrémont o a Leopold von Sacher-Masoch que al concepto del amor universal predicado por las bandas que se bañaban en el barro de Woodstock. Así que la Velvet, junto a MC5 o The Stooges se convierten en semilla de todo el movimiento punk de los setenta. A lo largo de las primeras páginas de este libro desfilan productores de discográficas, fotógrafos, mánagers, promotores, amantes, músicos, etc. que van desgranando – cada uno desde su visión particular – lo que vivieron a lo largo de esos años. Son puntos de vista enfrentados que hacen de la lectura de este libro una experiencia en la que la estrella del rock y el payaso se confunden, en la que el genio y el imbécil son una misma cosa, sirviéndonos por tanto para desmitificar cualquier leyenda. Así que no todo es gloria en estas páginas que tienen su envés en la suciedad, la oscuridad (e incluso la muerte). Igualmente, el ritmo del libro es frenético en un intercambio constante de palabras y opiniones que enmascaran y desenmascaran la realidad, la historia de una música que como apunta Lou Reed es “sexo, drogas y felicidad”.

Los setenta están ampliamente tratados en este libro con la participación en las entrevistas de personajes como Alan Vega y Martin Rev de Suicide o Richard Hell y Tom Verlaine de la mítica banda Television. Aquí también está Malcolm McLaren, manager de los Sex Pistols y de los New York Dolls, que intentó con los primeros burlarse de la escena del rock and roll con una máxima que se sintetiza en la siguiente frase: “Que os jodan, nos da igual no saber tocar y que los instrumentos sean una mierda, y lo seguiremos haciendo porque nos parecéis un hatajo de anormales”. Por supuesto, no faltan Johnny Rotten, Patty Smith, Johnny Thunders, Paul Simonon y un largo etcétera. Pero no olvidemos que también están los Ramones. Dee Dee Ramone aparece retratado como “uno de los mayores mentirosos, bromistas, chistosos, sardónicos y provocadores que haya existido jamás”, un personaje que juega con la verdad. Y también aparece Joey Ramone. Como no. Danny Fields (que trabajó en discográficas como Elektra o Atlantic y que fue mánager de los Stooges, Jonathan Richman & The Modern Lovers o incluso de los Ramones) habla de él e indirectamente señala algunos de los cambios sustanciales que sufrió el punk y que podemos concretar en su aburguesamiento, en su inserción dentro del sistema al que pretendían atacar, desmontar, denunciar, reírse de. Fields indica, por ejemplo, como el propio Joey Ramone – antes de la enfermedad que acabó con su vida – ya había dejado de ser un Ramone y “se había convertido en el millonario que siempre había querido ser”.

Para concluir me gustaría acabar con Danny Fields, sí, de nuevo, porque tal vez sea una de las voces más lúcidas que aparecen en este libro. El prologuista de “Por favor, mátame” (Jaime Gonzalo, director de Ruta 66) también entrevista a este personaje en las primeras páginas del libro y Danny Fields le dice: “Verdad y ficción lo hay en todo. No voy a apuntar con el dedo y decir: yo estuve allí, eso es erróneo. Nunca lo sabremos. ¿Quién te crees que eres sino Dios para afirmar que algo es cierto sobre cualquier cosa que digan los demás? Todo es verdad. Todas esas personas dijeron esas palabras, tan vívidas y memorables. Puedo discutirlas ahora, o incluso entonces, pero quién soy yo para discutir con Wayne Kramer o Marty Thau. Todo esto debería ser grabado en piedra. Es tan excitante. Podríamos emplear sofismas, pero ¿a quién le importa una mierda? No hablas con Dee Dee Ramone para obtener la verdad, hablas con Dee Dee Ramone para encontrarte con Dee Dee Ramone, algo que ya no puede repetirse”