martes 1 de septiembre de 2009

Pin pan punk (encima, debajo y alrededor de "Por favor, mátame")




Pin pan punk (encima, debajo y alrededor de "Por favor, mátame")

 ["Por Favor, Mátame: La Historia Oral del Punk" (Leggs McNeill y Gillian McCain)]

Tal vez la mejor forma de contar algo que ha sucedido en el pasado (y en el que se han visto envueltas un buen número de personas) sea a través del caleidoscopio, es decir, a través de una visión múltiple que permita destruir cualquier discurso monodireccional. El caleidoscopio nos puede servir entonces para romper con cierta objetividad, para descomponer un discurso que sea de un solo sentido y así mostrarnos la realidad con sus diversos prismas, incluyendo todas sus contradicciones, las diferentes perspectivas que pueda haber sobre un mismo hecho, sobre un fenómeno, un movimiento. En este caso concreto, en estas líneas, hablamos del punk, que es de lo que trata “Por favor, mátame”, una historia coral (y oral) del punk realizada por el periodista musical Legs McNeill y la escritora Gillian McCain que se editó por primera vez en 1996 y que a finales del año pasado fue reeditada por Discos Crudos en España.

“Por favor, mátame” es, como digo, un libro que no intenta imponer ninguna verdad, un punto de vista homogeneizador. ¿Por qué? Sencillamente porque las perspectivas se multiplican a ojos vista según avanzamos en la lectura de sus páginas. Construido a partir de una serie de entrevistas que realizaron los autores a un sinfín de personajes que estuvieron relacionados con el movimiento punk, la unidad de la obra solamente tendría como eje el hecho de hacer referencia a tal movimiento musical y cultural partiendo del protopunk de finales de los sesenta y primeros setenta y que en estas páginas toma como punto de partida a The Velvet Underground y la Factory de Andy Warhol.

Dentro del circo humano (y artístico) que fue la Factory en Nueva York, el grupo liderado por Lou Reed y John Cale supone una fractura con el contexto hippie-amororoso-flowerpower de finales de los sesenta. Eso mismo hace que se conviertan en unos malditos más cercanos a Lautrémont o a Leopold von Sacher-Masoch que al concepto del amor universal predicado por las bandas que se bañaban en el barro de Woodstock. Así que la Velvet, junto a MC5 o The Stooges se convierten en semilla de todo el movimiento punk de los setenta. A lo largo de las primeras páginas de este libro desfilan productores de discográficas, fotógrafos, mánagers, promotores, amantes, músicos, etc. que van desgranando – cada uno desde su visión particular – lo que vivieron a lo largo de esos años. Son puntos de vista enfrentados que hacen de la lectura de este libro una experiencia en la que la estrella del rock y el payaso se confunden, en la que el genio y el imbécil son una misma cosa, sirviéndonos por tanto para desmitificar cualquier leyenda. Así que no todo es gloria en estas páginas que tienen su envés en la suciedad, la oscuridad (e incluso la muerte). Igualmente, el ritmo del libro es frenético en un intercambio constante de palabras y opiniones que enmascaran y desenmascaran la realidad, la historia de una música que como apunta Lou Reed es “sexo, drogas y felicidad”.

Los setenta están ampliamente tratados en este libro con la participación en las entrevistas de personajes como Alan Vega y Martin Rev de Suicide o Richard Hell y Tom Verlaine de la mítica banda Television. Aquí también está Malcolm McLaren, manager de los Sex Pistols y de los New York Dolls, que intentó con los primeros burlarse de la escena del rock and roll con una máxima que se sintetiza en la siguiente frase: “Que os jodan, nos da igual no saber tocar y que los instrumentos sean una mierda, y lo seguiremos haciendo porque nos parecéis un hatajo de anormales”. Por supuesto, no faltan Johnny Rotten, Patty Smith, Johnny Thunders, Paul Simonon y un largo etcétera. Pero no olvidemos que también están los Ramones. Dee Dee Ramone aparece retratado como “uno de los mayores mentirosos, bromistas, chistosos, sardónicos y provocadores que haya existido jamás”, un personaje que juega con la verdad. Y también aparece Joey Ramone. Como no. Danny Fields (que trabajó en discográficas como Elektra o Atlantic y que fue mánager de los Stooges, Jonathan Richman & The Modern Lovers o incluso de los Ramones) habla de él e indirectamente señala algunos de los cambios sustanciales que sufrió el punk y que podemos concretar en su aburguesamiento, en su inserción dentro del sistema al que pretendían atacar, desmontar, denunciar, reírse de. Fields indica, por ejemplo, como el propio Joey Ramone – antes de la enfermedad que acabó con su vida – ya había dejado de ser un Ramone y “se había convertido en el millonario que siempre había querido ser”.

Para concluir me gustaría acabar con Danny Fields, sí, de nuevo, porque tal vez sea una de las voces más lúcidas que aparecen en este libro. El prologuista de “Por favor, mátame” (Jaime Gonzalo, director de Ruta 66) también entrevista a este personaje en las primeras páginas del libro y Danny Fields le dice: “Verdad y ficción lo hay en todo. No voy a apuntar con el dedo y decir: yo estuve allí, eso es erróneo. Nunca lo sabremos. ¿Quién te crees que eres sino Dios para afirmar que algo es cierto sobre cualquier cosa que digan los demás? Todo es verdad. Todas esas personas dijeron esas palabras, tan vívidas y memorables. Puedo discutirlas ahora, o incluso entonces, pero quién soy yo para discutir con Wayne Kramer o Marty Thau. Todo esto debería ser grabado en piedra. Es tan excitante. Podríamos emplear sofismas, pero ¿a quién le importa una mierda? No hablas con Dee Dee Ramone para obtener la verdad, hablas con Dee Dee Ramone para encontrarte con Dee Dee Ramone, algo que ya no puede repetirse”

1 comentarios:

Zamara dijo...

Siempre diremos que los otros años eran los mejores años.

Tengo un amigo (mexicano) que vive en Barcelona. ¿En qué parte de España vives? Para serte sincera, al leerte, en todo momento te sentí (o te pensé, al menos) mexicano. Quizás lo seas.

Saludos, nuevamente.

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