domingo, 20 de julio de 2014

Spectrum, vol. 5. Los médicos virtuales de Ballard y los personajes sonámbulos de Antonioni: patologías y espectros




“En vez de enfrentarse a un especialista cansado con ganas de tomarse una buena ginebra y darse un baño caliente, el paciente se sentaba ante una pantalla y tecleaba respuestas a preguntas pregrabadas por un médico saludable, interpretado por un actor comprensivo.”

Las líneas anteriores pertenecen a la novela “Milenio negro” de J.G. Ballard. Si bien el tema que se puede extraer de las líneas anteriores no es el asunto matriz de la citada novela, esta afirmación -que aparece de pasada a las pocas páginas del libro- nos mete de lleno en una realidad muy habitual en nuestro tiempo: el desplazamiento de lo real en beneficio de lo virtual.  Tal realidad mucho tiene que ver con un futuro que se hace presente cada día más, tiene que ver con un futuro que diluye su espíritu sobre el tiempo actual y, poco a poco, lo va modificando. Es algo que ya se percibía en Antonioni, en algunas de sus películas de los años sesenta, tal y como sucedía en “El eclipse” o “El desierto rojo”. Al igual que el escritor británico, el cineasta italiano supo dibujar un mundo donde el futuro se derrumbaba con todo su peso sobre el presente. Con todo, tanto en algunas narraciones como en la realidad, el presente busca la forma de encontrar aire, de sobrevivir. Igual que lo hace un pez que boquea fuera del líquido elemento.


Alain Delon y Monica Vitti deambulaban por la periferia de una ciudad italiana sin nombre mientras el presente se deshacía ante sus ojos. Eso sucedía en “El eclipse” donde Michelangelo Antonioni jugaba con sus actores-títeres y estos, más bien, buscaban formas espectrales de un presente que se desdibujaba en el futuro. Ensayaban como estar en el mundo (y se perdían en él, en un paisaje fantasmal). Igual que esas formas espectrales que seducen a los pacientes de los que habla Ballard, ese autor obsesionado con las patologías, con los sueños y pesadillas que pululan en el inconsciente:


“Para sorpresa y alivio de los especialistas, los pacientes preferían la imagen informatizada a un médico verdadero.”


lunes, 7 de julio de 2014

Spectrum, vol. 4. Jessica Rabbit, Mickey Mouse, Banksy y la masturbación generada por Hokusai en la mente paralela de Bob Hoskins




El escapismo se hace metafísica cotidiana. Llega al mundo de la creación y las artes plásticas se contagian de superficialidad cool. En una suerte de demostración arty farty, los creadores se dejan llevar por la melodía de ese escapismo, ya sea en Art Bassel o en los museos institucionales. Así, a modo de Gustav Klimt light (y por poner un ejemplo de lo anterior), Audrey Kawasaki dibuja figuras digeribles (suaves, frágiles, delicadas) para (supuestos) paladares exquisitos, atmósferas manga para el arte contemporáneo. 



En cierto modo, el espectador busca espejos donde reflejarse y toda una suerte de espejismos se reproducen como esporas en la retina de aquel que mira (Kawasaki, quizás, sea uno de ellos). Sin embargo, espejismo no significa espejo y Bob Hoskins (sí, Bob Hoskins) se enamoraba de una suerte de clon de Rita Hayworth en plan cartoon en “Quién engañó a Roger Rabbit”, ejemplo pretérito de esa superconciencia hentai de la que se ha venido hablando aquí en las últimas semanas.


*

La superconciencia hentai se configura como didáctica del futuro en Japón y el País del Sol Naciente se convierte en Laboratorio del Devenir (las filias y, en algunos casos, las adicciones en torno al anime, el manga o el hentai o la devoción por el cosplay así lo atestiguan). Tal (super)conciencia de la que hablo supone una superdisposición, una adoración por lo espectral, por la ficción y el simulacro. Consiste, sencillamente, en una preferencia por lo virtual en detrimento de la realidad convencional.
 Mientras tanto, el ratón Mickey se pasea por EuroDisney y recibe abrazos de los niños en un guiño zoopedófilo muy contemporáneo: los infantes se encuentran con el simulacro de espectro que, por fin, se hace carne de peluche. 


Al mismo tiempo, Banksy procura sabotear al roedor en Disneylandia e introduce un  falso prisionero de Guantánamo en el parque de atracciones, sin olvidar que este artista  dibujó a Mickey Mouse y Ronald McDonald caminando con la famosa niña vietnamita quemada por el napalm e inmortalizada décadas atrás. Sin embargo, el karma del planeta se enrarece con la ficción y la realidad que -desde tiempo atrás- han decidido hacerse transformistas y cuestionar el género que las animaba. Las dos se retroalimentan y se contaminan en una suerte de confusión general de ambos conceptos tal y como apunta Juan Francisco Ferré en su ensayo “Mímesis y simulacro”.



*

El dibujo animado es simulacro de lo real (espectro) y el tebeo erótico propone fantasías que ya estaban en el ukiyo-e (más concretamente en el shunga). Así sucede, por ejemplo, en la húmeda ensoñación de “El sueño de la mujer del pescador”, obra de 1814 de Katsushika Hokusai. En un plano paralelo a la realidad (o espectral, quizás con vertiente esquizorrealista), Bob Hoskins se acaba masturbando pensando en pulpos que sodomizan a Jessica Rabbit. Lo hace en un solitario callejón oscuro, falsificación de film noir.


Bob Hoskins pensó:
Adoramos las imágenes que son sombras, proyecciones de la realidad dentro de una caverna que un día fue Guantánamo helénico y otro día devino laberinto por la voluntad de la Espiral.
Las imágenes, como cualquier otro tabú, nos hipnotizan y, tal vez, se deshacen.




jueves, 26 de junio de 2014

Spectrum, vol. 3. La Wii, el Mii, Bioy Casares y la superconciencia hentai



En la Wii te creas un Mii, es decir, tu imagen virtual para la consola. Juegas en red y, por ejemplo, te enamoras de otro alguien que, desde Helsinki, juega al golf contigo. El Mii finlandés te sonríe y tú sonríes al Mii finlandés. Sois felices golpeando la pelotita de golf en ese espacio verde y virtual, pixelado, un lugar que florece dentro de la imaginación que, en la actualidad, se ciñe al cubículo plano de una pantalla.
Un sucedáneo de segunda vida germina en el iris y te enamoras de los copos de nieve que esa persona emite desde la capital finesa en el juego de carrera atlética. Comprendes que la nieve es tan solo una customización (o tuneado, hackeado) de las imágenes que acompañan el footing bajo pixel dentro de la Wii.


Una suerte de realidad virtual, incrustada en la conciencia del espectador caníbal, alza el vuelo como una invasión de mariposas monarca después de la metamorfosis del gusano. La superconciencia hentai vertebra la percepción: El escapismo se hace trascendente y el espejo se convierte en espejismo.


Algo semejante a los fantasmas que en “La invención de Morel” retrataba Bioy Casares para los ojos de un protagonista fascinado por un mundo espectral, un mundo hecho de las imágenes que una máquina captura y proyecta, una realidad inasible como agua que se escapa entre tus dedos. Desde hace unos años Zygmunt Baumann incide en el carácter líquido (e inaprensible) de la identidad. Tú vives el momento en una suerte de carpe diem inconsciente que anula tu capacidad de respuesta al medio.

Las imágenes, aunque nos sean lejanas, nos satisfacen e hipnotizan como estrellas.


miércoles, 25 de junio de 2014

PERIFERIA ÜBER ALLES




  Hoy se cumplen cinco años del comienzo de este blog.
  Quizás el modo en que todo empezó fue un tanto ingenuo (pero no trivial). Probablemente la ingenuidad sea, con frecuencia, un recurso imprescindible en el mundo en que vivimos. Sigo siendo ingenuo, seguro. Aunque, en general, he aprendido con los años a disimularlo (o procuro hacerlo: sobre todo en mi vida diaria).
  Quizás la mejor forma de celebrar estos cinco años sea la presentación de “Esquizorrealismo” (lo que ya en sí es una celebración). 


  El acto tendrá lugar mañana jueves 26 a las 20.30h en el espacio AB 9, calle Andrés Baquero (Murcia). Allí estaré acompañado por Juan de Dios García, persona que -desde El Coloquio de los Perros y con su amistad- ha confiado siempre en los textos que he escrito en los últimos años.
  No se me ocurre qué decir más (o, mejor, no deseo añadir nada más), solamente poner una canción que quien me conozca sabe que, cada cierto tiempo, me viene a la cabeza.