lunes, 3 de agosto de 2015

Canción del verano, vol. 8 – “When in Heaven”, Kitchens of Distinction

    


 
   23 son los años que han pasado desde que Kitchens of Distinction decretaran La Muerte de lo Cool:

     We're dreaming of cures 
     and drinking well tonight
 Forgetting all our sorrows, 
 put away our fights
Until tomorrow comes around

23 años, desde que Patrick Fitzgerald escribiera, en cierto modo, una oda al hedonismo no exenta de buenas dosis de escepticismo y alcoholismo de pub:

We sit in the pub waiting for the clubs to open
We will be safe tonight and not wake up next to strangers



Y, precisamente, hoy mismo se cumplen 23 años de la puesta en circulación del álbum “The Death of Cool” (un 3 de agosto, como hoy, se ponía a la venta este larga duración editado por Ten Little Indians). Y escuchas esa letra (aparentemente) tonta mientras el sonido de la canción te transporta hacia una suerte de limbo que, en el vídeo del tema, parece habitado por ángeles travestis con guitarra eléctrica en mano:

Imagine what could happen after this drink
I'm wearing wings




Escuchas (23 años después) esa letra, supuestamente intrascendente, y puedes pararte a reflexionar sobre la trivialidad de la música de hibernación de principios de los años noventa, ésa de la que habla Simon Reynolds concentrándose en modelos como My Bloody Valentine o Ride que, mediante un paisaje sonoro como en estado de duermevela, parecían apelar al oyente a esperar un mejor momento para la acción (y, por tanto, dejarse llevar).

También podemos pensar en la poca suerte de una banda como Kitchens of Distinction que, entre 1994 y 2013, no sacó material nuevo alguno hasta la aparición del álbum “Folly”, editado por 3 Loop Music.



Nadie tomó muy en serio a la banda de Patrick Fitzgerald.

- ¿A quién? –pregunta uno.
- A Kitchens of Distinction –responde otro.

Quizás todo el mundo andaba echándose una siesta (como dice Simon Reynolds) o pensaba en que iba a recibir (no se sabe de dónde) un equipo de alas de ángel (o un surtido de polvo de ángel, quién sabe):

When I go to heaven
and stand shivering before this God
I'll try some complaining,
"Why that little tiny trick?"

Give me the pearls of love, of wisdom and of smiles
Give me another chance, a beautiful set of wings

In Heaven
When I wake up in heaven



No se daban cuenta (Las Cocinas de la Distinción) que esa canción ya lo decía todo, ya hablaba de esos deseos que no se cumplen, de La Muerte de Lo Cool (pese a la pujanza de Instagram o Twitter como estrategias de afirmación del Acto Fatuo y la superficialidad que transita nuestras existencias). No se daban cuenta (y eso es absolutamente normal) que un buen día, al igual que ellos decretaron la muerte de lo guay, alguien diría que “When in Heaven” sería anómala canción del verano.


Sea cool o no.



sábado, 1 de agosto de 2015

Canción del verano, vol. 7: “Fledermaus Can't Get It”, Von Südenfed





¿QUIÉN PUEDE TEMER A FLEDERMAUS?

La canción del verano debe estimular la imaginación a partir de pocos elementos. En ese sentido, “Fledermaus Can't Get It” juega con la ambigüedad y su letra vuelve una y otra vez, en una simulación pop de eterno retorno, a unas frases que se repiten como fórmula ritual a lo largo de la composición:

Can't get it now
I can't get it now 
but I can get it
Can't get it now
I can't get it now 
but I can get it
Walked up the stairs
Walked up the stairs
Can't get it now
I can't get it now

Y así hasta el infinito:
En diversos momentos, casi todo el tiempo, para que te des por enterado de algo que no sabes qué es exactamente.

(Indudablemente, teniendo en cuenta la trayectoria vital de Mark E. Smith, uno puede pensar en sustancias ilegales o similares. Uno puede dejar volar la imaginación.)




“Fledermaus Can't Get It” tiene el ritmo necesario para que un padre o una madre de familia, después del vigésimo sexto cubata a pie de playa, se ponga a menear el esqueleto sin pensar en la progenie, contoneándose sin prejuicios bajo la luz de la luna llena (una luna como la de esta noche). Tiene también el suficiente ritmo para que cualquier community manager cool se deje llevar por la voz humedecida en miles de litros de alcohol de Mark E. Smith a lo largo de las últimas cuatro décadas (sin ser consciente de que el cantante de Manchester le insultaría en caso de que esbozara una sonrisa risueña a consecuencia de la ingesta de mojitos). Igualmente, la canción hace el mínimo de ruido exigible para que no entiendas lo que te dicen cuando te hablan (eso, con frecuencia, es de agradecer).

Por tanto: ¿Quién puede temer a Fledermaus?



Además:
La letra, tal y como hemos visto antes, incluye mantra (máxima que toda canción del verano que se precie debe incluir).  De ahí que esto suponga la guinda a una canción que -por ritmo, estribillo y swing- cumple su función social de canción del verano entre todos aquellos que sean arrullados (atropellados, empotrados, golpeados, noqueados) por su zarpazo electropugilístico.

Lo busquen o no.  

[Nota: Fledermaus es murciélago en alemán]






jueves, 23 de julio de 2015

Canción del verano, vol. 6: "Black douleur", Sébastien Tellier




LA INCREÍBLE VERDAD 


Empieza como un rebote de bajo (como si estuviera empezada: in media res). Sin venir a cuento se te mete en la cabeza el rebote, ese tono vibrante que tiene la melodía, la canción. Es, en ese preciso (y precioso) instante, en que sabes que la canción no te dejará en todo el verano. Sébastien Tellier sabía que, pasara lo que pasara (pese a la crisis económica, pese a la humillación de Atenas, pese al tsunami, pese a las masacres del ISIS, pese a la manipulación mediática), un buen día alguien diría, alguien lo diría:

- Oye, esta es la canción del verano. ¿No te has dado cuenta?

  (Tellier lo sabía gracias al Oráculo, el Oráculo de la Piscina)



   Quizás tenga que ver con la sección de metales que entra a los catorce segundos en la pieza. Quizás sea eso. Quizás tenga que ver con el factor simbólico de los mismos. Sin lugar a dudas, esos vientos entran en tu cabeza de tal modo que no puedes evitar tararear la tonadilla como si cualquiera estuviera dentro del bucle del que has prometido hacer acto de fe (Fe de vida, fe de erratas).

   Así que todo ha cambiado de color desde que eres consciente de ello y sabes que cualquiera que te lleve la contraria al respecto está completamente equivocado.

  (Tellier te lo susurra casi sin mover los labios: El error es la fuente de conocimiento común entre los mortales, pero no lo dice él, lo dice el Oráculo).


   - ¿Es que de verdad que no te has dado cuenta? – le dices a la gente que te mira con esa cara que se mira a los que parecen no darse cuenta de qué va la película.

   Tú sabes en realidad que son ellos quienes no se dan cuenta.

   Son ellos.

   Ellos.

   En ese momento lo sabes, sabes que tales individuos son quienes que no se dan cuenta de la sinopsis de todo el asunto.

Del argumento.

De los entresijos.

De los puntos y las comas.



Entonces respiras hondo y te sientes tranquilo.

   - ¿Aún no sabes que la verdad (ese concepto que no significa nada) está de mi parte?

    De nuestra parte, de nuestra parte.

   Te das cuenta de que querías decir de nuestra parte, pero en ese momento nadie se da cuenta de lo que podrías decir (y no dices).

    De lo que podrías haber dicho.

Así que te quedas callado y esperas a que llegue el tsunami.

Que llegue el tsunami a la orilla.

Que el tsunami lama el textil de las sombrillas.

Los cubos de playa.

Toallas y cremas solares.

Que lama a los bañistas.

Esas cosas que hay en la orilla.

Mientras tanto, en ese momento, pulsas la tecla del piso 14 a la espera de la devastación y, según asciendes en la caja metálica del elevador (que te hace pensar en un sarcófago), te dices:

   - Esta será la canción del verano.


La Increíble verdad es ésta (L'Incroyable Vérité, según Tellier).


     Haya tsunami o no.



jueves, 16 de julio de 2015

Canción del verano, vol. 5: “Love your money”,Daisy Chainsaw




(Este artículo es continuación de la serie “CANCIÓN DEL VERANO”, iniciada entre los meses de julio y septiembre de 2013)


La canción del verano es el mantra contemporáneo de la clase media: el modo en que se hace el vacío en la psique de todo hijo de vecino y la forma en que se le permite sobrellevar las penas y cuitas de la condición humana (también los desequilibrios entre el dinero entrante y las facturas que liquidar mes a mes).

Si hablamos de la canción del verano como mantra (que no es más que una construcción lingüística de carácter sacro que sirve “para proteger nuestra mente contra los ciclos improductivos de pensamiento y acción” – véase http://lexicoon.org/es/mantra), no debemos sustraernos a la idea de que una buena tonadilla de verano que se precie ha de jugar con la repetición (tal como el mantra hace). Y ya sabemos que el ritmo se consigue mediante el paralelismo, la reiteración o la anáfora, entre otros recursos que -dentro de los estudios retóricos- se pueden clasificar como tropos. Consecuentemente, una buena canción de verano no elude estas figuras de repetición sino que se hace una con ellas:

El Chiringuito, el chiringuito,
El Chiringuito, el chiringuito.
Chi, chi chi chi, chi chi chi, chi chi chi,
Chi, chi chi chi, chi chi chi, chi chi chi.
Está el menú del día:
Conejo a la francesa,
Pechuga a la española
Y almejas a la inglesa.
El Chiringuito, el chiringuito
El Chiringuito, el chiringuito

(“El chiringuito”, Georgie Dann)


  
  La repetición, al igual que el bucle, es un elemento de liberación. De ahí su uso en este tipo de composiciones y, por ello también, su puesta en práctica en la canción que, en este artículo, traemos entre manos: "Love your money" de Daisy Chainsaw.
  
  Como en otros períodos estivales, desde este blog se pretende reconfigurar el concepto de canción del verano haciéndolo a la inversa, es decir, empleando aquellas tonadillas del cancionero popular que no encajaron en su día en el manoseado concepto de canción del verano con la intención de configurar nuevos paradigmas dentro del mismo y que, de alguna manera, merecen la luz de los focos y nuestra desinteresada atención.

   Es por eso que, en esta ocasión, no quiero dejar pasar la oportunidad de recuperar esa canción firmada por la banda Daisy Chainsaw en 1991, un grupo británico que estuvo en activo entre 1989 y 1995 y que, en cierto modo, era el reverso punk de una banda mainstream como pudo ser Transvision Vamp. Así, si Wendy James confesaba en “I want your love” que no quería el dinero del oyente ideal de su canción (u oyente in fabula, si nos ponemos más técnicos), Daisy Chainsaw apostaba por lo contrario. La candidez e idealismo amorosos de “I want your love” se condensaban en versos como los que siguen:

I don't want your money, I want your love
I don't want your car, I want your aahhh!
I want your your love


En cambio, Daisy Chaisaw decían sin cortarse un pelo que querían nuestra pasta:

We love your money, love your money
We love your money, love your money
Love, love, love, love all your money

 La paulatina implosión del capitalismo neocón en los años noventa, tras la caída de las malformaciones utópicas del comunismo soviético, facilitaban la aparición de mensajes cínicos como los de Daisy Chainsaw, un discurso en cierto modo improbable en muchas bandas contemporáneas esclavizadas por la corrección lingüística y cautivas de las buenas formas en una época comunicativamente aséptica y que tiene su paradigma en canciones como "Human" de The Killers o "Sky full of stars" de Coldplay (53.684.930 y 100.525.389 millones de visitas respectivamente en las páginas oficiales de Youtube de ambas bandas en el momento de redacción de este texto).


Sin duda alguna, cuando una persona como Christine Lagarde (y otros próceres del FMI) “ha planteado abiertamente que Gobiernos de 15 países europeos -cuyos nombres no ha dado- quiten el 10% de los ahorros de sus ciudadanos para pagar deuda pública y reducir su volumen” (http://www.elplural.com/2013/10/16/el-fmi-va-en-serio-cuando-plantea-quitas-a-los-ahorradores-otra-cosa-es-lo-que-hagan-los-gobiernos/), letras como la que mantralizaba KatieJane Garside adquieren una inusitada vigencia (sobre todo si la sometemos a un proceso de recontextualización, sobre todo si pensamos en la forma en que The Killers o Coldplay buscan "nuestro dinero" y lo aman, lo aman, lo aman). Así que cuando Lagarde y compañía dicen cosas como las planteadas líneas más arriba, la canción de Daisy Chainsaw cobra más actualidad que nunca. De ahí que “Love your money” sea, en 2015 (y veinticuatro años después), canción del verano (te guste o no).